jueves 11 de septiembre de 2008

Critica de la obra CASA VACIA realizada por Monica Berman.

El cuidadoso equilibrio de una propuesta riesgosa


Obra escrita y dirigida por Gerardo David Cristante

Hay lugares en los que resulta difícil entrar. Duro y difícil. ¿Cómo ser testigos inmóviles e inútiles de una revelación insoportable de escuchar?Las dos acepciones del verbo revelar están puestas en juego, alguien, sin nombre, va a presentarse, criminal, en primera persona. Ese mismo sujeto va a revelar una serie de fotografías tomadas en el transcurso de la puesta.Roland Barthes sostiene que “lo que la fotografía reproduce al infinito únicamente ha tenido lugar una sola vez: la fotografía repite mecánicamente lo que nunca más podrá repetirse existencialmente”. Quedarse con el instante, parece ser la premisa, con la imagen congelada y detenida para siempre. Un modo posible de la muerte.Pero las fotos están antes de que todo comience. Ese espacio lúgubre, podría sospecharse casi inhabitado, está tapizado de fotos que tienen un referente en común: son fotografías de niñas con los ojos tapados. Se adivinan las sonrisas y las poses, los vestidos coloridos, los adornos. Pero la cinta blanca, robando la mirada, anticipa el horror que será manifestado.El tema no es sencillo de abordar pero las decisiones dramatúrgicas, de dirección y de actuación eligen el camino del límite, en un cuidadoso equilibrio.¿Cómo construir a un pedófilo y no hacer un panfleto? En Casa vacía lo logran, en primer lugar a partir de la distancia absolutamente infranqueable, el actor en ningún momento comparte el espacio a nivel con los espectadores. Su acción se desarrolla en una escalera o en un cuartito, del que apenas entrevemos lo mínimo, al que nos asomamos, como quien se asoma a un rincón íntimo de otro que quiere mostrar y no mostrar. Por otro lado, ve lo que nosotros no vemos: lo que sucede detrás de la ventana nos resulta absolutamente restringido.El espacio que parecía despojado, descascarado, sólo marcado por las fotos y por rastros de marcador en las paredes, abre sitios ocultos, ocultados para que los objetos que acompañarán las acciones tengan su lugar.La muñeca-víctima también establece distancia. La desproporción del tamaño, ella tan pequeña y él tan grande, desvía el relato de una mirada “realista”.Pero además el lenguaje, una serie de palabras hendidas, agujereadas por el sin sentido, profundamente poéticas en la voz de quien no produce justamente poesía. Y el lugar descolocado, desplazado, a partir de la actuación, la mirada diagonal del que ha cometido una serie de interminables crímenes, que se prepara, se atavía para salir a buscar una nueva víctima.El diseño de iluminación, en necesaria conjunción con el espacio construido, articula los lugares de visibilidad y de invisibilidad. No sólo recurre a colores que tiñen de connotaciones los gestos, el vestuario, las manos sino que además en más de una ocasión la fuente de luz desaparece ¿desde dónde se ilumina?Todos estos elementos contribuyen a generar este texto espectacular complejo desde un lugar de extrañamiento. Cada pieza termina de armar un rompecabezas perfecto. Uno puede preguntarse por qué ese ser sin nombre construye destinatarios múltiples. La clausura del texto lo justifica. Nada está demás. Aunque la puesta está llena de signos, la rosa (y el modo de hacerla descender), la cámara, las fotos, la silueta en la ventana, ninguno de ellos está inscripto de manera arbitraria.Gerardo David Cristante, dramaturgo y director, junto con Gastón A. Rodríguez, actor, han asumido un desafío complejo: eligieron experimentar desde la temática y desde los procedimientos teatrales. Un experimento implica riesgo. Un riesgo que no todos están dispuestos a correr.

Mónica Berman

2 comentarios:

Enredada dijo...

BUENÍSIMOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!!!!!
TE FELICITO!!!!
COMO ME GUSTARÍA VER LA OBRA!!!!!!!!!!
MILLONES DE BESOS, SEÑOR QUE SE ARRIESGA!!!!!!!!!!!!

Julieta dijo...

no cualquiera eh...
Te mando un abrazo de esos largos vio'.